Mata Hari, Cortesana sí, espia de Alemania nunca…

Pocos espías han despertado tanta fascinación como Mata Hari (1876-1917), la legendaria bailarina holandesa que escapó de una vida provinciana para convertirse en la mujer más fatal de su tiempo.

Su nombre real era Margarita Zelle y nació en Leeuwarden, hija de un sombrerero y una madre que murió siendo ella muy niña. A los 18 años atendió una solicitud de matrimonio en la página de contactos del periódico y se casó con Campbell MacLeod, un capitán de 39 años con el que se marchó a vivir a Indonesia, entonces colonia holandesa, donde él estaba destinado. Siempre le habían pirrado los uniformes. Allí tuvo dos hijos y sufrió las penurias de un marido borracho, pero también conoció la fascinmatahari_5ación de Oriente y los secretos de las danzas javanesas, que le serían muy útiles tras el naufragio de su matrimonio y como era costumbre entre el personal militar de alto rango, su marido se buscó una concubina y el matrimonio hizo aguas en poco tiempo, a pesar de la llegada del primogénito Norman John y de su hermanita Louis Jeanne. Margaretha enjugó sus lágrimas en el conocimiento de la

An undated photo of dancer "Mata Hari". Born Margaretha Geertruida Zelle, she was executed during World War I for spying for Germany. (AP Photo)cultura local, exótica para cualquiera y más en aquel tiempo en el que el sureste asiático estaba más lejos en el tiempo que en la distancia, que ya era mucha. Entre otros elementos culturales, el suave vaivén de los bailes tradicionales indonesios plantó la semilla de la curiosidad en la despechada veinteañera y pronto se vio arrastrada por su inocente seducción, estudiándolos y practicándolos en sus ratos de ocio. En 1899 la tragedia se presentó en el descompuesto hogar en forma de la muerte de Norman, aunque no se supo nunca si fue debido a la sífilis que llevaba su padre o a un posible envenenamiento provocado por los celos. Roto el matrimonio, en 1902 Margaretha decidió volver a Europa, estableciéndose en París con su hija Jeanne, de la que al poco tiempo perdería la custodia para volver con su padre.

El París de La Belle Époque, trasnochado, frívolo, campo fértil para el muy francés arte del adulterio y el destape literal, resultó la sede mata-hari desnudaperfecta para las aspiraciones y veleidades de Lady MacLeod, como hacía llamarse en esa época. Su primer empleo en la Ciudad de la Luz lo encontró en un circo, donde participaba en un acto haciendo malabarismos sobre un caballo y posó para pintores para solventar sus necesidades básicas. Pero una mujer con su ambición y carisma no se conformaría con migajas y, aprovechando el arte adquirido en lejanas tierras, montó un espectáculo como bailarina exótica, debutando en el Musée Guimet, dedicado al arte oriental, el 13 de marzo de 1905, con el nombre de Mata Hari, que en indonesio quiere decir “el ojo del día”, en referencia al sol.

El éxito llegó raudo y pronto se convirtió en uno de los actos preferidos de los parisinos, y con el llegaron los amantes y los pretendientes, que hacían largas colas para disfrutar de las atenciones de la artista. Vanidosa, pretenciosa y exhibicionista, Mata Hari se deleitaba en mostrase a los demás y en ser el centro de las miradas de los patrones de cabaret que tanto la adulaban. Buena parte de su fama le venía por la exótica historia que Margaretha había creado para su personaje, una supuesta princesa de Java instruida desde la infancia en el arte sagrado de la danza. En muchas de las fotografías que se le conocen de la época, se le ve ataviada (escasamente) en esa guisa, con velos transparentes y poco más que un sostenedor con dos pequeñas placas de metal y joyas orientales en brazos y cabeza.

Sin estar realmente entrenada en la danza, su espectáculo fue inmensamente popular debido a que ella misma había elevado el exotismo de su baile a la categoría de arte. Era algo rompedor, mata-hari colorvanguardista aún para la abierta sociedad parisina, condimentado con su insaciable coquetería y su provocador espíritu libertino. El público la recibía de pie y llenaba todas sus actuaciones, y la fama le llevó a mezclarse con lo más refinado de la sociedad, especialmente con los militares, pues los uniformes le causaban una atracción que ella misma admitía. En una ocasión dijo, “prefiero acostarme con un oficial pobre que con un industrial millonario”. Sin embargo, ya sea por razones personales o profesionales, Mata Hari se convirtió más que en un nombre artístico, en un alter ego a base de mentirijillas y exageraciones para hacer más atractivo su personaje y sus espectáculos, pero como suele suceder, las mentiras terminaron convirtiéndose en un laberinto del que le costaría mucho escapar. Fue tal el éxito de Mata Hari, que pronto le salieron imitadoras, más jóvenes, atrevidas y talentosas, y para 1910 los bolos empezaron a escasear, por lo que la treintañera decidió viajar por Europa una temporada, visitando a antiguos admiradores que la consentían y presumían en sus respectivos entornos. A principios del verano de 1914, encontramos a Mata Hari en Alemania del brazo de un oficial del ejército, que la invita a un festival de maniobras militares en Silesia. Todo el mundo conocía a  la famosa bailarina, y su visita no pasó desapercibida. Pero poco después, la guerra estalla entre las naciones europeas y Mata Hari se ve atrapada en Berlín, de donde consigue escapar hacia su nativa Holanda, pero no sin abandonar sus ropas y joyas. Otro antiguo amante le pone casamatahari_2 en Bruselas y le asigna un estipendio, pero no se queda mucho tiempo, y vuelve a París en 1915 para dedicarse a conquistar uniformados, que por aquel entonces eran la mayoría de hombres.

Precisamente ese gusto por los soldados le atrajo la atención de hombres peor intencionados, entre ellos los de Scotland Yard, que sospechaba de sus relaciones con diversos militares alemanes, y la Deuxième Bureau, el servicio de inteligencia francés. En su viaje a Francia, su barco hizo escala en Folkeston, Inglaterra, donde fue detenida e interrogada por las autoridades. A pesar de no encontrar evidencia de espionaje en su contra, estas decidieron no permitirle más la entrada en su país, pero la dejaron marchar, no sin antes comunicar sus sospechas a sus colegas franceses. Ya en París, sus pasos fueron constantemente vigilados por dos agentes.matahari_3
El estallido de la guerra en julio de 1914 la sorprendió bailando en un music-hallde Berlín. Supuestamente aprovechó su agenda de conocidos en ambos bandos para ofrecer sus servicios a Kraemer, jefe del espionaje alemán, con la esperanza de poder volver a la neutral Holanda con sus pertenencias a salvo. Pronto sus actividades en Madrid, donde en 1915 se veía con un oficial germano, despertaron las sospechas de la inteligencia aliada, que empezó a vigilarla. En 1916, Mata Hari volvió a París. Acorralada por el capitán Ladoux, del espionaje francés, que andaba tras sus pasos, se ofreció para trabajar como agente doble para Francia. La realidad es que nuevamente en Madrid siguió espiando para la embajada alemana como la agente H-21, pero sus mensajes fueron interceptados por Ladoux, que la tendió una trampa para que regresara a Francia. El 13 de febrero de 1917 fue arrestada y sometida a juicio, donde se la condenó a muerte acusada de aprovechar sus relaciones íntimas para trabajar como agente de Alemania. Ella lo negó, alegando que se acostaba con militares por placer, y no por deber.

Madrugada del 15 de marzo de 1917, Margaretha (Gretha) Zelle se despierta en su lóbrega celda de la prisión de Saint-Lazare, Vincennes, en las afueras de París. Decidida, viste sus mejores galas: traje de dos piezas, blusa escotada y medias. Con sobria elegancia, enfunda sus manos en unos guantes de cabritilla y se cubre con un abrigo azul a modo de capa. Uno de sus últimos arranques de coquetería le lleva a cubrir su larga cabellera antaño oscura y lustrosa, cubierta ahora por las canas, con un sombrero de tres picos.prensa_1

Pocas horas después, a las 5.30 de la mañana, Margaretha se encuentra sola. Es la hora de morir. Frente al pelotón de fusilamiento, con gran dignidad, se niega a ser atada al poste y rechaza el ofrecimiento de vendar sus ojos. Mira al frente y lanza un beso al sacerdote que la atendió en sus últimas horas y otro a su abogado, uno de sus ex amantes. Amanece cuando los fusiles descargan una ráfaga sobre ella. Una de las balas alcanza su corazón, provocando su muerte instantánea. No obstante, el oficial al cargo se acerca y dispara una bala en su cabeza, el tiro de gracia.

El cuerpo de la que fuere una de las mujeres más sexy y famosa de la época yace sobre el barro. Tras el fusilamiento, se destina a la facultad de medicina. Su cabeza le es amputada y enviada al Museo de Anatomía de París, del que años después será robada, se dice, por un admirador.

Fuentes:

http://www.cienciahistorica.com/biografias/mata-hari/

https://es.wikipedia.org/wiki/Mata_Hari

https://vademedium.wordpress.com/2015/03/09/mata-hari-pasion-y-muerte/

 

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